Archivos para 16 marzo 2014

Profesionales a prueba de cuotas

El derecho riguroso es una especie de injusticia
Cicerón

Soy abogado, ejerciente. Me colegié hace ya unos años, fundamentalmente porque mi trabajo lo requería pero sin embargo -por suerte o por desgracia- en contadas ocasiones he tenido que acudir a tribunales. Es decir, fundamentalmente desarrollo una función de asesoramiento.

Puede parecer que es un extraño comienzo para un post, pero lo sitúo ante una situación que presencié esta semana en la cual un abogado reprochaba (en un procedimiento de una Administración) a un compañero su actividad por el hecho de ser no ejerciente. Podría parecer un caso de intrusismo de no ser porque actuó siempre con el cargo de asesor por delante y realizando simplemente gestiones básicas para la empresa que le paga.

Pero he aquí el problema, aferrándose a la descripción que ofrece el Estatuto de la Abogacía en su artículo 4 -dentro de las actividades propias de la Abogacía se enumera el asesoramiento-, le instaba a cesar o le denunciaría ante el propio Colegio.

            + Artículo 4.1.“…actos propios de la profesión, tales como consulta, consejo y asesoramiento jurídico; arbitrajes; mediación; conciliaciones, acuerdos y transacciones; elaboración de dictámenes jurídicos, redacción de contratos y otros documentos para formalizar actos y negocios jurídicos; ejercicio de acciones de toda índole ante los diferentes órdenes jurisdiccionales y órganos administrativos; y, en general, la defensa de derechos e intereses ajenos, públicos y privados, judicial o extrajudicialmente”.

         + Artículo 4.3.“ Quienes se hallen inscritos en un Colegio de Abogados como colegiados no ejercientes no podrán dedicarse a realizar actividades propias de la Abogacía, ni utilizar la denominación de Abogado”.

Sinceramente sé que no ocurrirá, pero me habría gustado saber que habría sucedido en ese caso. Dejando a un lado el análisis de la (lícita) postura del abogado, el Colegio debería haber resuelto la cuestión en pos de la defensa de sus colegiados.

Pero colegiados son los dos, pagan cuotas ambos (cierto, de diferente cuantía y prestación) pero la interpretación estricta de dicho artículo deja un escaso margen para los no ejercientes al no poder desarrollar algunas funciones (ojo, sólo algunas manteniendo cuestiones exclusivas) que no deberían entrañar la diferenciación entre letrados. Más aún, dicho extremo es obviar la propia realidad.

        En ese caso ¿qué hacemos con los asesores de empresas, gestores, etc…?

Personalmente entiendo que todos los estamentos, y más en estos tiempos que nos han tocado con la Justicia/justicia, deben aunar a todos sus integrantes, a defender y proteger un trabajo que todos -en sus capacidades, con sus límites y obligaciones- ejercen de la mejor manera.

Porque estoy convencido de que a partir del respeto, no sólo somos compatibles sino necesarios. La cuestión, como siempre, es regular con sentido común.

        Que las cuotas no nos impidan ver el bosque

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